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¿Hacia donde necesitamos crecer las mujeres?

Aun cuando la condición femenina, según los resultados de la IX Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, parece haber mejorado notablemente en algunos aspectos, como son los de orden  legal, donde se han promulgado mas leyes de protección a la mujer. En otros, como son las costumbres sociales, parece avanzar muy lentamente.

Es verdaderamente alarmante enterarse por estadísticas comprobables, que una gran proporción de la población femenina sigue  viviendo bajo duras condiciones de pobreza. Aun en los medios socioeconómicos mas favorecidos las mujeres podemos encontrarnos con un limitado acceso a los recursos económicos que, se supone, son patrimonio de la familia. Contrariamente a lo que desde fuera pudiera uno pensar, al escuchar historias  de bonanza económica en una determinada familia o pareja, muchas mujeres no comparten de manera equitativa los recursos que supuestamente ambos tienen. Son pobres rodeadas de riqueza. Ni qué decir de las que viven en ambientes socioeconómicos mas bajos. Su situación es aun peor.

Ante esta situación , tal vez podamos empezar a pensar que es el momento de  revisar algunas de las ideas que “normalmente”,  suelen inculcarse a las niñas pensando que “será lo mejor para su futuro”. Tal vez muchas de nosotras podamos recordar haber oído mencionar algunas bien intencionadas historias que sugerían que la manera como “una mujer pudiera sentirse protegida y asegurar su futuro  era a través del matrimonio”. Encontrando a un buen hombre que la quiera y esperando que éste la mantenga y cuide  hasta que “la muerte los separe”.

Tristemente nos encontramos día a día que, en muchas ocasiones estas historias no terminan así por diferentes motivos. Muchas mujeres, jóvenes o maduras, abandonaron sus carreras profesionales, renunciaron a tener un ingreso propio, para dedicarse por entero al cuidado de la familia. Sin embargo, al paso del tiempo, les ha tocado descubrir dolorosamente  que en realidad no tienen la protección y seguridad que anhelaban. En ocasiones se han encontrado solas después de muchos años o tal vez nunca, haber sabido proveerse a si mismas la independencia económica que ahora necesitan desesperadamente. En estas circunstancias, la angustia  de no saber qué hacer puede apoderarse de ellas y la sensación de impotencia y frustración puede hacerlas presas fáciles  de la depresión.

A pesar de que este panorama puede parecer sombrío,  hay algunas cosas que pudiéramos empezar a cambiar recordando estas historias  de dependencia y desvalimiento que inconcientemente o con muy buena intención,  solemos escuchar y contarnos las mujeres, como parte de nuestra cultura.  Se me ocurre pensar ¿Qué pasaría si empezáramos a contarnos historias distintas? Historias de esfuerzo, de lucha que inviten a tomar las riendas de la propia vida ¿Cómo podría empezar a cambiar  nuestra actitud y calidad de vida  cuando mas que contarnos historias de dependencia, que van desde  cuentos como “La cenicienta” hasta comentarios informales de sobremesa, empecemos a contar historias de responsabilidad de uno mismo? ¿Cómo podríamos las generaciones mayores, con mas experiencia de vida, ayudar a modificar la actitud de nuestras hijas o hermanas menores hablándoles de la importancia que para la construcción de una sana autoestima tiene el sentirse eficaz y responsable de si mismo?  Aunado a esto me pregunto ¿Qué pasaría si se establecieran mas programas educativos que capacitaran a las mujeres que lo requirieran, para iniciar un pequeño negocio que les ayudara a empezar a labrarse una independencia económica? Muchas mujeres cuentan  con habilidades para empezar una actividad productiva, Cocinan muy bien, hacen panes, pintan o cuentan con algún otro conocimiento con el, que pudieran desarrollar un pequeño negocio. Sin embargo, muchas veces no se atreven a hacerlo o fracasan porque no tienen los conocimientos necesarios para organizarlo, promoverlo e ir haciendo de el cada vez una fuente de ingreso con el que pudieran sostenerse.

Los problemas de equidad de genero resultan muy complejos y difíciles de resolver desde una sola perspectiva. Tampoco puede dárseles una única solución que los desaparezca rápidamente. Sin embargo, los pasos que se vayan dando en la dirección de enfrentarlos irán haciendo, poco a poco, una diferencia y nos llevaran paulatinamente hacia una sociedad mas justa y que ofrezca mas oportunidades para todos sus miembros.