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Hacia una psicoterapia que incluya las teorias tanto del terapeuta como del paciente

     En las posturas tradicionales en psicoterapia basadas en una visión modernista y una epistemología positivista, lo  que se  acepta como verdadero son los hechos y sus relaciones (Ferrater Mora, 1973 ) . Se confía en la

posibilidad de acceder  a ellos directamente mediante el método científico. Desde aquí, se presupone que el observador de los fenómenos de cualquier índole, al utilizar el método científico en sus observaciones, funciona como un mero “transcriptor” de la realidad observada utilizando para ello el lenguaje que, en este caso, se concibe

como una manera de describir  la realidad existente afuera, separada del observador. Se piensa en el lenguaje

como un mero reflejo de la realidad observada cuya existencia y descripción resulta independiente de quien sea el

observador que la describa. Con esta manera de pensar acerca del conocimiento de las cosas, se cree que las

descripciones llamadas “científicas” se encuentran en un nivel superior, como "más verdaderas", que cualesquiera

otras descripciones que no usan el método de la ciencia. De aquí se deriva una postura de poder de parte de los

científicos, en este caso de los que se dedican al área de la salud mental, ya que ellos “saben mas” y/o “mejor que

sus pacientes” acerca de los problemas que los traen a terapia . El terapeuta se encuentra entonces, en la

posibilidad de emitir diagnósticos acerca de lo que “en realidad” pasa con el paciente, y hacer evaluaciones de su

funcionamiento psicológico, en base a marcos teóricos que de una u otra  forma,  incluyen cierta “normatividad” acerca de cómo deberían ser o comportarse las personas de acuerdo con esta o

aquella teoría de la personalidad. La persona “normal”es entonces, aquella que se ajusta en mayor o menor medida a

los dictados de una cierta teoría de la que se ha olvidado, en la mayoría de las ocasiones, que se ha construido

como un intento de aproximarse lo mejor posible a una cierta realidad estudiada. Sin embargo, es importante recalcar

 que nuestras teorías son sólo mapas conceptuales  que usamos para entender y tratar los problemas que se nos

plantean en terapia. Como cualquier otro mapa, los nuestros,  nos sirven  para facilitar la comprensión y tránsito

por un cierto territorio, pero que de ninguna manera son el territorio. Por lo tanto,  deben de considerarse siempre

como provisionales y juzgarlos  principalmente por el resultado que arrojen; su utilidad en una determinada

situación   (Fisch, R.  et al 1982).
Cuando los terapeutas se toman demasiado en serio sus marcos teóricos y guían sus intervenciones más basados en las

conversaciones que sostienen con sus teorías  que en las que sostienen con sus pacientes, se corre el tremendo

riesgo de que el proceso terapéutico se desfase de las necesidades y recursos del paciente, y que  la terapia no

tenga éxito (O´Hanlon, 2001)..  Además, al colocar a los terapeutas en  esta posición privilegiada de poseer "más y

mejores conocimientos" sobre cómo deben ser las personas, el tema del poder surge como un elemento esencial en la

relación terapéutica, ya que se genera un desbalance muy grande en la distribución del mismo; el terapeuta con mucho

poder, desde su postura de experto sobre cómo deben ser, sentir, pensar y actuar las personas, y el paciente con muy

poco, debido a su propia ignorancia en estos temas.
Las teorías  que sustentan las psicoterapias tradicionales, sobre todo las de corte psicodinámico, a pesar de haber

sido construidas a partir de la experiencia de sus autores en el estudio de casos, haciendo ellos mismos

psicoterapia con sus pacientes, proponen, primero una teoría de la personalidad normal, (¿Cómo son las personas

normales?), factores que pueden influir en que las personas se desvíen de la normalidad y sufran alguna patología

(¿Cómo es que las personas llegan a presentar alguna desviación en su  desarrollo?), y , con mucho menos énfasis, 

en la forma de hacer psicoterapia desde esa manera de pensar (¿Qué hacer con los pacientes para ayudarlos a

recuperar la "normalidad"?). Las más de las veces los teóricos, muchos de  ellos excelentes terapeutas, se quedaron

mucho más en la fase conceptual de definición del problema y de sus causas y no prestaron demasiada atención  a lo

que hacían con sus pacientes en psicoterapia, en términos  de interrelación y comunicación cuando tenian exito, o lo

describieron usando un lenguaje que se iba mucho más hacia contenidos o procesos internos por los que se suponía que

el paciente  iba pasando, según su teoría. De este modo, la psicoterapia se concebía, en gran medida como una

exploración de los contenidos de la conversación terapéutica o, a lo más, de los procesos internos por los que se

supone que el paciente iba atravesando, todos estos descritos con un lenguaje privilegiado por las teorias de los

terapeutas. Descrita en estos términos, en función de lo que el paciente dice o hace en la sesión, usando un

lenguaje por demás matizado por los propios prejuicios teóricos del terapeuta, el quehacer de la psicoterapia se

presentaba como algo obscuro, con muy pocas guías para los aprendices sobre cómo hacer psicoterapia. Se miraba mucho

un aspecto del fenómeno: qué hacía o decía el paciente, y se dejaba un tanto olvidado: qué hacía o decía el

terapeuta y cómo  se daba la interacción entre ambos . Éstos dos últimos puntos muchas veces, o no se describían, ya

que no había nadie que los hubiera observado sin estar participando directamente dentro de la conversación

terapéutica , o eran descritos por alguna de las partes, que de alguna manera, de esta forma, dejaba fuera muchos

aspectos importantes, ya que resultaban descripciones autorreferenciales
Por otro lado, tampoco se tomaba en cuenta los marcos socioculturales en los que las personas que participaban en la

terapia, tanto pacientes como terapeutas, estaban inmersos ni se consideraba los efectos de éstos en la relación

terapéutica. Muchas corrientes en psicoterapia, sobre todo las de orientación psicodinámica, se concentraban en el

estudio y exploración de procesos internos del individuo, considerándolo en aislado, fuera de sus contextos

socioculturales.
Desde estas premisas la metacognición de lo que ocurría  en  la relación terapeuta-paciente durante el diálogo

terapéutico resultaba muy difícil de explicitar y, por lo tanto, poco susceptible de enseñar a los aprendices de la

psicoterapia.

 Además, estos marcos no implicaban, en sí mismos, más que de

una manera muy vaga, una teoría del cambio. De hecho, la propia definición de psicoterapia reflejaba ideas de

"curación" , por sus raíces etimológicas, "crecimiento", "insight", "superación de traumas", etc., que sólo de

manera tangencial suponían la idea de "cambio".
En los modelos posmodernos de terapia breve, el cambio es el objetivo a lograr. El cambio en la manera de hablar con los demás sobre ciertas cuestiones

consideradas problematicas,  en la manera de pensar, (conversar con uno mismo ) sobre ciertos  temas,  y, por

consiguiente, de  sentir y reaccionar ante ellos, resultan las variables principales sobre  las que se construyen 

los "mapas" para intervenir en psicoterapia. Las historias que se generan en las conversaciones, y que son compartidas y

validadas por ciertos grupos construyen y reconstruyen identidades, normalizan o no experiencias y, en general,

asignan significados a trozos de vida de las personas. 
Desde estos enfoques se puede ofrecer visiones más útiles, que no más verdaderas, para hacer, enseñar y aprender

psicoterapia. Son modelos que hacen énfasis en el cambio y en las conversaciones que ocurren entre las personas.

Prestan especial atencion a las historias y significados que se van generando, según las palabras que en ellas se

usen y toman muy en cuenta el marco sociocultural dentro del que están inmersas estas conversaciones. Constituyen

modelos para intervenir, mapas para invitar al cambio en las personas con las que se trabaja, incluyendo tambien sus "teorias"(creencias, valores, ideas) en el proceso, esta es precisamente una de las cosas que permiten abreviar la psicoterapia.
                                              
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