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Sindrome del Niño Maltratado: Una Vision Psicologica

El síndrome del niño maltratado se refiere al abuso físico y psicológico al que un niño se ve sometido y que le deja

traumas y lesiones emocionales a veces, para toda la vida.

El abuso infantil suele ser frecuente  en familias que presentan un grado importante de disfuncionalidad,  donde las

rivalidades y coaliciones dentro de algunos de sus miembros, usualmente de la generación de los padres, coloca a

algún hijo en una posición de triangulación haciéndolo el intermediario de sus conflictos. Las peleas  entonces se

libran a través de el. Esto, coloca al hijo en una posición muy difícil ya que haga lo que haga,  se expone a

recibir agresiones de parte de alguno de los contendientes.

Además el niño maltratado suele  vivir con un alto nivel de stress, aislamiento social y muy poca capacidad de

control sobre la situación lo que lo lleva a experimentar mucha ansiedad y desesperanza.  Otra agravante para la

situación suele ser el que las personas que abusan del niño, generalmente sus padres, suelen tener muy poco control

de sus impulsos y estallar violentamente ante la menor frustración. De este modo, el triangulo de violencia en que

el niño queda atrapado se alimenta constantemente.

 Es común que  las personas que abusan de un niño hayan sido, a su vez también victimas de abuso y repiten de este

modo, un patrón de conducta patológico.

 . Este problema se presenta en todos los niveles sociales y es mas frecuente en los hogares donde los padres son

adictos  a las drogas o al alcohol

El abuso infantil  es una idea que empieza a cobrar importancia  hace relativamente poco tiempo ya que antes, se

veía “normal” educar a un niño aplicando una gran cantidad de  castigos físicos y agresiones verbales.

. Las frases como “las letras con sangre entran”, eran comunes y reflejaban un estilo disciplinario que, a pesar de

dejar serias lesiones emocionales en las personas que los sufrían, se veía como “normal”. Se pensaba que era lo

forma correcta de educar. Se creía que de este modo, los pequeños aprenderían mejor a  comportarse bien. Se

justificaba porque “se hacia por su bien”.

 Educando “a la antigua”, los padres usaban  bofetadas, fajazos o frases que socavaban la autoestima del niño 

dejando profundas heridas  que podrían afectar su vida durante años, aunque esto se desconocía.

Aun cuando este problema no puede considerarse solo desde el punto de vista psicológico ya que incluye muchos

factores de orden social y cultural, la psicología puede aportar algunas herramientas útiles para su prevención y

tratamiento.

. Una de las aportaciones que la psicología ha hecho en este aspecto es señalar el daño emocional que estos métodos

conllevan y ofrecer otras alternativas para su tratamiento y prevención. La terapia familiar puede ser una muy buena

opción para conocer la dinámica de relaciones en la que vive el niño y sacarlo del triangulo patológico en que ha

estado atorado. El trabajo fuerte en estos casos se hará con los padres para resolver mas directamente los

conflictos que tengan en su relación de pareja., sacando al niño de en medio.

 En casos menos graves, el trabajo con los padres se puede centrar mas en ofrecerles   maneras firmes y eficientes

de enseñar una disciplina positiva a los hijos. Una disciplina que les permita conocer y anticipar las consecuencias

de sus actos,  que  habiéndose aclarado previamente con ellos, les permita  establecer acuerdos que se respeten con

cariño y firmeza y les ayuden a establecer limites a su comportamiento.

Estos acuerdos, para ser realmente efectivos,  deberán  permitirle al niño  darse cuenta de cual es la manera como

sus padres esperan que se comporte, al recibir un reconocimiento por sus conductas positivas. También  le ayudarán a

disminuir o eliminar aquellos comportamientos inadecuados al enfrentar las consecuencias que estos le traen. Muchas

veces no es necesario añadir mas consecuencias que las que la vida les ofrece de manera natural, como cuando por no

cuidar un juguete, el niño lo pierde o lo rompe. El dolor que esto puede significarle puede ser suficiente para que

el niño obtenga un aprendizaje y, en estos casos, los padres solo requerirán invitarlos a una reflexión sobre su

conducta, sobre lo que ellos creen que provocó que las cosas ocurrieran como pasaron o lo que hubieran podido haber

hecho distinto para que eso no sucediera. Este tipo de diálogo puede ser una alternativa diferente para enseñar

disciplina, ya que no solo invita a una profundización de la experiencia de aprendizaje, sino que ofrece un

modelamiento más constructivo para enfrentar los problemas y frustraciones normales de la vida diaria.