Share |
 
INICIO - CONTACTO - PSICOIDEAS - [RECURSOS] - EXPERIENCIA - SERVICIOS - CURSOS - ENLACES - PREGUNTAS


Como promover un manejo mas sensible y respetuoso de los afectos en la familia

La dinámica de las relaciones humanas en el seno de una familia y/o pareja, depende en gran medida de la comprensión de las necesidades y sentimientos que cada uno de sus integrantes tiene de si mismo y  de los demás. En ocasiones, cuando hemos crecido en un ambiente familiar muy critico y estricto, donde la culpabilizacion y el llamado “chantaje sentimental” han sido quizás las estrategias de elección para educar,  podemos llegar a bloquear ciertas emociones y sentimientos que, a su vez pueden estar reclamando la atención de necesidades importantes  para nosotros mismos.

En estas circunstancias, no solo puede llegar a ocurrir que  desarrollemos ciertos síntomas como enfermedades físicas, depresión, apatía, o, incluso tendencias a alguna forma de conducta autodestructiva, al sentirnos “malos por sentir ciertas cosas”, sino que, además, podemos llegar a hacernos poco sensibles a los sentimientos y necesidades de los demás. Así, al no ser capaces de reconocer los propios sentimientos y emociones y darse permiso de simplemente sentirlos, sin que necesariamente tengamos que actuar al respecto, tampoco somos capaces de reconocer los de los demás a nuestro alrededor y mucho menos de permitirles libremente sentirlos. Dentro de estos contextos familiares, sin una adecuada intervención psicoterapéutica que permita a los integrantes empezar a romper el círculo de la restricción emocional, critica y descalificación de sentimientos,  la probabilidad de que los patrones de relación familiar poco nutricia se repitan a través de las generaciones, se vuelve muy alta.

Por otro lado, no todos los sentimientos y emociones que las personas podemos llegar a sentir en determinados momentos van a resultar “aceptables”, “apropiados”, o “buenos” en nuestra propia evaluación o en la de los demás. Sin embargo, cuando  podemos empezar a darnos cuenta de  que el hecho de que lleguemos a sentir una determinada emoción o sentimiento no tiene que implicar ninguna acción extra al respecto que pudiéramos apreciar como “peligrosa”, puede ayudarnos a sentirnos menos ansiosos y con mas posibilidades de empezar a reconocerlos. Muchas veces, no son realmente las emociones o sentimientos lo que  nos asusta sino el hecho de creer que si sentimos algo, entonces automáticamente actuaremos al respecto sin ningún control o mesura. Como cuando tenemos un problema en la calle con alguna persona, nos sentimos muy enojados y tal vez llegamos a sentir el deseo o impulso de agredir físicamente a la persona en ese momento. Sin embargo, como muchos habremos experimentado, es posible sentirse muy enojado y no necesariamente llegar a la agresión física. Es posible defender lo que creemos que son nuestros derechos sin caer en explosiones de violencia.

En situaciones como esta, los aprendizajes que estemos recibiendo en las relaciones con nuestra familia pueden jugar un papel muy importante.Tal vez estemos aprendiendo a reaccionar de manera muy polarizada o extrema ante el reconocimiento de ciertos sentimientos y las posibles reacciones que podemos tener al respecto. Quizás estamos viviendo interacciones familiares en donde se cree que “o se responde de manera muy intensa y desmedida ante ciertos sentimientos o mejor se los bloquea o niega”. Tal vez entonces querramos  intentar hacer algo distinto en nuestras relaciones familiares y tratar de reconocer las propias emociones y sentimientos y los de los demás.

Sin embargo, es importante recordar que, aunque podemos llegar a tener muchas hipótesis acerca de lo que los otros pueden estar sintiendo en un determinado momento, en realidad, son solo ellos los que saben cuales son sus sentimientos. Nosotros solo podemos colaborar de alguna forma en nuestras interrelaciones, a clarificar estos sentimientos, haciéndoles preguntas al respecto o contándoles experiencias parecidas, propias o de alguien más, donde incluyamos lo que en esos momentos nosotros mismos o la persona de la historia, sintió en esas circunstancias. Un ejemplo de lo anterior puede ser, cuando un niño acude a su madre y le cuenta algo que le paso en la escuela y que no le gusto. A lo mejor tuvo un conflicto con otro niño o la maestra lo regaño por algo que el creyó injusto. La madre puede notar, por la expresión del niño, su tono de voz, su postura y algunas otras observaciones mas, que eso no es “nada mas algo que te quería contar”, como a lo mejor el niño le dice. La madre puede percibir que es una experiencia que muy probablemente lo ha hecho sentir lastimado. Así, ella pudiera empezar a enseñar a su hijo a no tenerle miedo a los sentimientos, a simplemente aceptar que están allí, a asignarles un significado y ayudarlo a explorar si quiere hacer algo más al respecto.

Pudiera hacerlo con preguntas dirigidas desde la curiosidad, no asumiendo que se sabe exactamente que esta sintiendo el otro, sino que solo se tienen algunas ideas de lo que pudiera estar pasando, tales como: ¿Será que a lo mejor esto te ha puesto triste porque has creído que tu maestra no te aprecia? ¿Quizás estas enojado porque has pensado que pudiste hacer algo mas para defenderte de lo que percibías injusto y no lo hiciste?, etc.  Sin embargo, en ocasiones, la otra persona, en este caso el niño, tal vez preferiría no hablar por el momento. Insistir en preguntarle pudiera ser percibido como algo intrusivo.  En estas ocasiones, una manera más respetuosa de ayudarlo a reconocer los propios sentimientos, darle permiso de sentirlos y ofrecerle de manera indirecta  alternativas de reaccionar ante las situaciones, es contarle historias. Cuando uno cuenta historias alusivas a la situación que percibimos que el otro esta viviendo, podemos ayudarlo a normalizar y validar su experiencia, ya que sugieren que otros han pasado algo similar antes. Además, ofrecemos interpretaciones alternativas de la experiencia a partir de las cuales la otra persona puede encontrar nuevas posibilidades.

Así,  cuando las personas nos damos permiso de ponernos en  una actitud de mayor sensibilidad hacia lo que sea que en determinadas situaciones  estamos sintiendo, sin la anticipación a recibir critica o descalificación de parte de nosotros mismos o de los demás, y, a la vez, intentamos  reconocer lo que los demás a nuestro alrededor pueden también estar sintiendo o necesitando, empiezan a  generarse las condiciones para que las relaciones intrafamiliares puedan darse de una manera mas armoniosa y nutricia.

Cuando  podemos sentirnos aceptados tal cual somos por las personas que apreciamos como realmente importantes en nuestras vidas, como suelen ser los padres, los hijos o la pareja, podemos también ir construyendo una identidad mas positiva y una autoestima más  alta.