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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


Transitando por la mediana edad

Boletin # 89

Hay épocas en la vida que parecen más propicias para los cambios. Cuando llegamos a la madurez, cuando los hijos han crecido y nos demandan menos atención, cuando vemos que la juventud se aleja y añoramos con tristeza sentir la sangre correr por nuestras venas nuevamente, estremecernos intensamente de emoción, recuperar el tiempo perdido, cambiar el rumbo hacia no sé donde…

La crisis de la mediana edad nos llega puntual, a cada uno en su momento. Sigilosamente. Sin dar mucho aviso. A diferentes horas y con intensidad distinta, sacude y remueve nuestros más profundos y firmes cimientos. Derrumba creencias, revuelve con dudas. Nos quedamos solos, sin radar ni brújula. Perdemos de vista de pronto la costa, el puerto seguro que nos protegía. De pronto, no sabemos por dónde o qué rumbo tomar.

 Los cuestionamientos, las insatisfacciones, los intensos anhelos de beberse de un trago las  mieles de la vida pueden volver tempestuoso, intenso y difícil este transitar. Sin embargo,  poniendo al jinete al mando de los caballos, pueden evitarse las mortales caídas, pueden sortearse con destreza los profundos precipicios que caracterizan a la crisis de la mediana edad. Así, ésta puede ser una excelente oportunidad de aprendizaje y crecimiento, de  reconstrucción y re direccionamiento  hacia un futuro mejor. 

En la mediana edad, todavía nos sentimos con fuerza para luchar por lo que queremos, pero  nos angustiamos con la idea de que “tenemos que apurarnos si realmente lo queremos lograr”. 

Algunas personas viven este episodio con la urgencia de  “ahora o nunca”. Se desesperan  por “ganarle” al  tiempo. Se consumen por la ansiedad. Llevada ésta al extremo puede  orillarlos a decisiones impulsivas con tristes resultados que disten mucho de lo que realmente querían lograr. Este no es el punto.

El punto es estar consciente de lo que en el momento estamos viviendo, tomar  con calma las cosas y cambiar lo que ya no queremos vivir más. 

Para esto es necesario estar dispuestos a tolerar la incertidumbre  que durante un tiempo suele acompañar el proceso de cambiar. Estar abiertos a sentirse temporalmente perdidos. Atreverse a probar cosas nuevas. Cometer errores. Fracasar en algunos intentos. Entendiendo esto como parte normal de descubrir un nuevo camino, de explorar nuevas rutas y decidir por dónde queremos ahora transitar. 

La mediana edad puede ser el momento de seguir viejos sueños de juventud o de construir y alcanzar nuevos. Volver a la escuela, empezar un trabajo, cambiarse de giro laboral, mudarse a otra ciudad, construir la relación que siempre hemos deseado o terminar una relación  que ya no nos llena, son solo algunas de las transformaciones que en esta etapa suelen pasar.

Con la conciencia del cuidado de la salud que ahora se tiene, podemos, a partir de la madurez, empezar a vivir una nueva vida y disfrutarla intensamente por muchos años.

 Solo tenemos que empezar y hacer que pase. 

Las posibilidades están, pero de nosotros depende dejarlas pasar una vez más o, ahora sí, atraparlas y aprovechar esta segunda parte de lo que puede ser lo mejor de nuestra vida.

 

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