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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


Momentos de crecimiento

Boletin # 75
No es en el mediodía cuando el sol es más brillante, que se vislumbra más hermoso. No es cuando sus rayos calientan más fuertes ni cuando su luz deslumbra los ojos. Los amaneceres y atardeceres son más bellos, pero por razones distintas. Aunque la inclinación de sus rayos sea parecida, la apreciación de la experiencia es diferente. 
De igual manera, no es en la juventud o en la adultez media cuando la vida puede apreciarse con su mejor perspectiva. No es cuando los ímpetus se desbordan o las demandas de la vida se multiplican que podemos tener el tiempo y la cabeza para sentarnos a apreciar lo que vivimos o cuestionar lo que estamos haciendo. Es en el ocaso de la vida. Cuando es mayor el trayecto andado que el que aún nos queda, cuando podemos voltear y ver mejor la senda recorrida. 
Por otro lado, no es en los momentos cuando nuestra salud fluye, cuando nuestro cuerpo desborda energía que somos más conscientes y capaces de apreciar su importantísimo valor en nuestras vidas. En las crisis por enfermedad, en los momentos de dolor, cuando de pronto se desploman nuestras creencias de permanencia, juventud o “inmortalidad”  inesperadamente se rompen nuestros esquemas y la realidad de la fragilidad de nuestra vida salta inexorable imponiéndose  ante nuestros ojos. 
Lo que aprendemos sumidos en alguna de estas experiencias, no puede después simplemente “pretenderse que no lo vivimos” o “hacer como que lo hemos olvidado”. Hay puntos de no retorno y hay experiencias después de las cuales nunca más volveremos a ser los mismos. Tal vez nos hagan mejores o tal vez solo diferentes, pero nunca más, los mismos. 
Con la perspectiva del tiempo podemos muchas veces, mirar las cosas mejor, con mas serenidad. Sin las luces y sombras tan marcadas que nuestras emociones del momento pueden resaltar deformando el cuadro de lo vivido.  Habiendo matizado adecuadamente los tonos emocionales, podemos navegar mas suavemente por los mares de reflexión, buscando sentido a lo que nos parecía incomprensible. Sacando aprendizaje de lo que parecía solo doloroso. Así, podemos entonces decir: ¡Bienvenidos los atardeceres! ¡Bienvenido el inevitable paso del tiempo que nos madura y transforma! ¡Bienvenidas las crisis que nos hacen valorar las muchas bendiciones que tenemos y a vivir con mayor intensidad y conciencia! Gracias porque nos hacen más sensibles, empáticos y compasivos y porque estimulan y hacen crecer nuestra sabiduría.    

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