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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


Vivir una fantasía

Boletin # 73
Vivir un sueño, hacer realidad una fantasía suele ser un deseo que todos hemos tenido alguna vez. Sin embargo, hay fantasías inocuas y fantasías  peligrosas de realizar. A veces no es fácil diferenciar unas de otras. En ocasiones  tampoco es fácil distinguir las fantasías de la realidad. 
Puede ser que estemos tan carentes y necesitados de algo que, cuando encontramos alguna cosa que se le parece, nos abalancemos sobre ella con desesperación. Como cuando nos estamos muriendo de sed y alguien nos tira unas gotitas de agua o de algo que se le parezca, y nos tiramos desesperados a su encuentro; aunque al final nos demos cuenta de que solo era vinagre.
 En otras ocasiones, comenzamos a vivir una fantasía con plena conciencia de que eso es, una fantasía; sin embargo, en el proceso, la disfrutamos tanto, nos parece tan real, que podemos caer en  graves confusiones que impacten severamente el resto de nuestra vida.
Y es que nada de malo tiene soñar y desear hacer realidad alguna fantasía. Quizás alguna vez nuestros padres, cuando éramos niños, cumplieron nuestro sueño de visitar el fantástico mundo de Disney. En esa época tal vez nuestro deseo mas anhelado. Estando ahí  nos sentíamos vivir en nuestra película favorita. Creíamos que realmente hablábamos con la Patita Deisy, nos montábamos en un juego mecánico con el Pato Donald, o  abrazábamos y nos tomábamos la foto con el verdadero Mickey Mouse. ¡Nos sentíamos felices porque pensábamos que  realmente eran los verdaderos!  Y tal vez hasta llegamos a pedir a nuestros padres quedarnos  a vivir por siempre ahí, con ellos… 
Vivir la fantasía de conocer en persona a alguno de nuestros personajes preferidos, fue quizá el mejor regalo que nuestra alma infantil haya recibido en esa época. Sin embargo, cuando en algún momento descubrimos que, solo era “un señor disfrazado”, entonces, un poco confundidos y desilusionados, dolorosamente crecimos. 
Como adultos podemos vivir  fantasías similares y aún superar las que alguna vez vivimos como niños. Hay momentos en la vida, muchas veces, cuando dejamos una etapa y entramos a otra en nuestro ciclo vital, en que sentimos nostalgia y añoranza por lo que alguna vez tuvimos y sentimos. En la distancia, tendemos a mirar las cosas pasadas como mejores  de lo que en su momento fueron  y sentimos añoranza de ellas, ahora que se han ido. Extrañamos sentir correr la sangre por nuestras venas. Extrañamos tener una ilusión que llene nuestro día. Extrañamos volver a sentirnos vivos.
 En esos momentos, que suelen ser “puntos de quiebre” en nuestras vidas, estamos más vulnerables, más susceptibles de dejarnos llevar por fantasías que son alimentadas por nuestras carencias emocionales.  Nuestras necesidades insatisfechas sensibilizan nuestra percepción para encontrar en los lugares más inesperados, aquello que tan desesperadamente añoramos. 
Como cuando éramos niños, anhelamos con todas nuestras fuerzas volver al mundo de fantasía de Disney  y reencontrarnos con Mickey Mouse, Pato Donald o la Patita Deysi. Y puede ser que nuestro deseo se vuelva tan grande que decidamos hacer nuestra maleta y marcharnos tras esa aventura. Si este fuera el caso, tal vez nos ayude a permanecer claros y serenos, recordar que estamos en la Tierra de la Fantasía y que Mickey Mouse, aunque parezca muy real, es solo un señor disfrazado…  

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