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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


Tres pilares de nuestros estados de ánimo

Boletin # 65
Generalmente las personas solemos pensar que nuestros estados de ánimo, la forma como nos sentimos en un determinado momento, es algo que “simplemente nos pasa”, “algo automático” de lo que tenemos muy poca posibilidad de control. 
Cuando nos sentimos deprimidos o ansiosos hacemos cosas muy diferentes de los momentos en que nos sentimos llenos de energía, entusiasmados o apasionados. La relación entre lo que hacemos y la manera como nos sentimos se retroalimenta de una manera circular. Porque nos paramos, hacemos ejercicio  y escuchamos y cantamos canciones alegres, llenas de ritmo, con mensajes de optimismo y vitalidad nos sentimos energizados, contentos, excitados en un determinado momento. A la vez, cuando nos sentimos energizados, contentos y excitados nos movemos con mayor rapidez, llevamos a cabo más proyectos y actuamos de una manera más enfocada hacia nuestras metas y con mayor entusiasmo. ¿Qué fue primero? ¿El sentimiento, la emoción, las sensaciones? ¿O la conducta vigorosa y energética? Cuando pensamos sistémicamente la respuesta puede ser cualquiera de las dos. Todo depende desde donde decidamos enfocar la puntuación de estos eventos. 
Lo importante sería recalcar que podemos evocarnos, producirnos a nosotros mismos los estados de ánimo que deseamos en un determinado momento tomando control de tres importantes aspectos de nuestra vida. El primero de ellos es, ¿A qué estamos prestando atención? Cualquier experiencia puede ser contemplada y por lo tanto, vivida de muy diferentes maneras. Si decidimos prestar atención a los aspectos negativos, nuestra vivencia será muy distinta de cuando nos enfocamos a lo positivo. Tenemos la opción de decidir; sin embargo, muchas veces no nos damos cuenta de esto. Pensamos que las cosas “son” como nosotros las vemos y nos cerramos a cualquier otra posibilidad de visión de las mismas. Esto nos lleva al segundo aspecto, ¿Cómo estamos interpretando la experiencia que hemos tenido? ¿Qué nos decimos a nosotros mismos acerca de qué fue lo que nos pasó? Hay muchas maneras de interpretar un mismo evento; tantas como personas que lo hayan vivido y contado a ellas mismas o a alguien más. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que hay versiones de nuestras experiencias que nos empoderan, nos dan aprendizajes y rescatan lo mejor de nosotros mismos y otras que, por el contrario, nos producen dolor y nos hacen sentirnos impotentes y desesperanzados. La buena noticia es que ambas visiones pueden estar a nuestro alcance y somos nosotros quienes decidiremos cuál vamos a asumir. Una manera de empezar a ejercitar y crearnos el hábito  de escoger la interpretación que nos sea más útil y positiva es hacernos preguntas acerca de los eventos que hayamos vivido desde distintas perspectivas. Notaremos al hacerlo que hay preguntas que nos resultarán más útiles que otras para procurarnos el estado de ánimo positivo que queremos experimentar. Por ejemplo, ante una experiencia como la siguiente: “Voy a visitar a una persona muy querida que desde hace mucho no veo y a quien previamente le avisé que iría en un determinado día. Sin embargo, al momento de llegar, me encuentro con que esta persona está a punto de salir y sólo al verme me dice, “si quieres, me quedo”. Ante esta situación yo tengo la opción de interpretar lo que pasó de muchas maneras. Podría decirme a mí misma algo como “sabía que vendría y no le importó, no es tan importante para ella mi visita”. Diciéndome cosas como estas lo más probable es que me llegara a sentir rechazada, triste y con muy pocas ganas de volver a visitar a esta persona. Sin embargo, si miro las cosas desde otro punto de vista, puedo por ejemplo recordar que no le aclare a qué horas iba, solo le dije “voy mañana” y pudo haber pensado que tendría chance de salir y volver antes de que llegara. Pensando esto y poniéndome en sus zapatos podría pensar que al no decirle hora prácticamente pudo haberse sentido obligada a quedarse en casa todo el día y eso es algo que no le gusta tanto. Además, luego me dijo que iba a despedirse de una amiga que pensaba que no volvería a ver en mucho tiempo. Ella sabe que a mí puede verme en cualquier otro momento. Desde esta otra óptica, los sentimientos que me vienen son muy distintos. El estado en que me siento con estas otras perspectivas y enfoque es mucho más positivo y me invita a actuar de manera muy diferente. En vez de pensar: “no la vuelvo a ver”, puedo decirme: “la próxima vez tendré el cuidado de ser mas especifica en cuanto a día y hora en que iré a verla”.
Por último, el tercer aspecto desde donde podemos crear y modificar nuestro estado de ánimo, es la fisiología y los hábitos de uso que tenemos de ella. Por fisiología entendemos lo que comemos, lo que bebemos, la tensión muscular que experimentamos, cómo respiramos, las posturas que asumimos, los gestos y tonos de voz que usamos y en general, la eficacia de nuestro funcionamiento bioquímico. Cambiar nuestros estados implica no sólo modificar nuestro foco de atención e interpretaciones de nuestras experiencias, lo que nos decimos a nosotros mismos, sino también nuestra fisiología. Unos y otros se influyen cibernética y recursivamente, como explicamos antes. Todo lo que afecte a uno afectará a los otros. Cuando nos sentimos bien, llenos de energía y activos, nos representamos las cosas y las vivimos de una manera muy diferente que cuando estamos bajo los efectos del alcohol, nos sentimos cansados, con hambre o nos duele algo. En consecuencia, actuamos también de maneras muy diferentes. Por tanto, si queremos tomar control de nuestro bienestar y de nuestra conducta necesitamos poder tomar las riendas de nuestros estados y ser capaces de provocarnos aquellos que nos ponen en las mejores condiciones para actuar como realmente queremos.

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