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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


El despertar de Eva

Boletin # 45

¿Era demasiado tarde ya? Se preguntó mientras contemplaba en el calendario la inminente proximidad de su cumpleaños. Recordaba que en su juventud había tenido muchos sueños. Había deseado alcanzar muchas cosas en su época de estudiante pero, “había prioridades”- la voz de su madre retumbaba aún, fuerte y categórica en su cerebro: “el matrimonio, los hijos y su educación, la familia…lo demás puede venir luego”. Con esa sentencia en la mente había decidido posponer, había renunciado siquiera a tratar de conciliar y coincidir todos sus sueños. Su madre tenia razón –pensaba en aquella época- la vida era larga y ella era joven aun, habría tiempo más adelante… ¿Para qué complicarse ahora haciendo muchas cosas a la vez?
Sin embargo,  no había contado con la enfermedad de Luisito que le absorbió tanto tiempo hasta poder controlarla. Ni con las dificultades en la escuela de Maria en las que concentró su energía para ayudarla a salir adelante. Ni con un millón de demandas más que la vida le iba imponiendo… y ella seguía posponiendo: cuando entren a la Secundaria, cuando salgan de la Prepa, cuando se casen…
Un día se miró al espejo y apenas reconoció la imagen que éste le devolvía. ¿Quién era ésa del pelo canoso?¿Cuándo le habían salido todas esas líneas  en el rostro? ¿Dónde estaba la lozanía de su piel y el brillo apasionado de sus ojos? En algún momento en el camino, el tiempo se los había robado.
 ¿Cuánto había pasado desde que se dijo a si misma: “voy a dejar mis propios proyectos solo un tiempo,” “mientras mis hijos crecen”, “mientras me organizo”,” hasta que pase esta difícil racha”?  Y en el esperar, el día se fue apagando, la noche llegó galopando y, en el ultimo destello del ocaso, se descubrió en la madurez de su vida…
¿Quién era ahora después de tantos años?¿Qué quería hacer con su vida ahora que sentía haberle cumplido a todo el mundo menos a sí misma?
Así empezó su despertar, su lucha por reencontrarse consigo misma, su búsqueda de sentido nuevamente. Se  preguntaba una y otra vez ¿Qué quería? ¿Cómo deseaba pasar los muchos o pocos años que la vida le ofreciera aún?
Después de varios episodios de llanto y desesperación, un buen día decidió secarse los ojos y abrirse a la vida.
Ya no era joven, se reconoció. Su físico no le abriría más las puertas, pero descubrió que su sabiduría y experiencia de vida, sí.
Se tomó un tiempo para sí misma. No estaba acostumbrada a eso y un sentimiento, mezcla de culpa y miedo, de momento la sacudió. Sin embargo, esta vez sí estaba decidida a actuar con coraje y siguió poniendo atención a su corazón. Meditó, escribió y reflexionó mucho. Poco a poco un camino empezó a abrirse ante sus pies. No estaba muy segura de  adonde la conduciría su final. Curiosamente, ya no le importó. Más que llegar, deseaba disfrutar la travesía. No podía vislumbrar más que unos cuantos metros adelante, pero descubrió que al avanzar iban clarificándose los siguientes. Se sorprendió sintiéndose tranquila con eso. Sin darse plena cuenta del trabajo de transformación que había realizado, había despertado a una nueva vida.


 

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