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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


Aprendiendo a caminar

Boletin # 23
Hace ya muchos años, mas de los que desearía tener que recontar, una pequeña niña empezó a dar sus primeros pasos sola una temporada en la playa, cuando tenía poco mas de año y medio. Su madre decía que tenía la impresión deque en realidad hubiera podido hacerlo mucho antes de esa edad ya que la veía sostenerse y echar sus pequeñas piernas con bastante coordinación y equilibrio. Sin embargo, parecía haber algo que la detenía: no se daba cuenta de que ya podía hacerlo.

Durante varias semanas se desplazaba con seguridad y firmeza, siempre y cuando, pudieras sostenerse de alguna mano amiga. Al correr de los calurosos días, paulatinamente la mano fue sustituyéndose por solo un dedo y éste, finalmente, por el mango de una pequeña palita que como parte de sus “instrumentos de labranza” para la playa sus padres le habían comprado esa temporada veraniega.

Pasaron varios días así, tal vez semanas, antes de que la niñita consiguiera primero “destetarse” de la creencia de que era la mano, luego algún dedo y finalmente el mango de su palita de juguete lo que la sostenía firmemente y le permitía moverse por la vida con seguridad.

Accidentalmente un día, mientras se desplazaba ya con cierta velocidad, en alguno de esos juegos que suelen inventar los niños, estaba tan concentrada en lo que jugaba, que se levantó distraídamente y olvidó tomar su acostumbrada palita para “sostenerse”. Dio varios pasos con seguridad y equilibrio pero, cuando se descubrió moviéndose sin ninguna muleta, tuvo miedo de caerse y entonces, se dejó caer asustada de la “audacia” que se había atrevido a realizar.

A partir de ese día fueron haciéndose más frecuentes experiencias como ésta. Obvien olvidaba tomar la palita para moverse o, cuando la tenía en su mano y se desplazaba jugando, distraídamente la dejaba caer y seguía moviéndose como si nada. En muchas ocasiones más, sintió temor cuando se descubrió moviéndose sola y en otras tantas, se dejó caer asustada. Sin embargo, poco a poco “el dejarse caer” fue haciéndose menos la regla y más una excepción en sus incursiones infantiles.

El miedo, así accidentalmente confrontado, fue disminuyendo cada vez más hasta que un buen día desapareció completamente. Entonces, se “soltó” para siempre de su muleta y empezó a disfrutar alegremente del placer de ir por la vida sostenida por sí misma. ¿Cuántas veces vamos por la vida como la niñita de la historia? Colgados de un apoyo que ya no necesitamos, sostenidos de muletas que hace tiempo perdieron su función o arrastrando cargas que hace mucho  dejaron de existir...

¿Dónde está la palita en tu vida?
¿Todavía la necesitas como apoyo?
¿Cuándo vas a soltarla y arriesgarte a comprobar que ya puedes caminar TU solo?


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