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Bolet�n con informaci�n Mensual sobre la Pratica, el Coaching de Vida
y la Construccion de una Practica Privada


¿Es tu manera de manejar la ira un problema?

Boletin # 114

¿Cuántas veces quizá nos ha pasado que alguna situación, el comentario de alguien, la conducta de una persona o cualquier otra cosa más, nos enoja, nos llenamos de rabia y reaccionamos impulsiva y tal vez, agresivamente ante esa situación?  Este es un problema bastante frecuente en las personas. Nos dejamos llevar por nuestras emociones, cedemos a nuestros impulsos y hacemos cosas que muy probablemente después lamentaremos.

Ira, enojo, coraje, rabia, son todas emociones normales en los seres humanos. Las cosas no salen como esperábamos, nos sentimos frustrados y de manera muy rápida a veces cuando ya lo hemos “practicado mucho”, automáticamente, sin pensar, reaccionamos.

 No nos damos tiempo de analizar bien la situación, de ponernos en los zapatos del otro y ver las cosas desde otra perspectiva. Así, cedemos a la ira. Reaccionamos violentamente en automático y luego, nos arrepentimos. En épocas de mucho estrés, se hace más grave y  más frecuente aún este problema.

De hecho ese suele ser el patrón usual de reacción en las personas que tienen problema para controlar su ira. Pasa algo que los frustra, se sienten muy enojados, reaccionan violentamente y generalmente, luego, cuando piensan bien lo que hicieron, se arrepienten. Se arrepienten, pero el daño ya está hecho y, a veces puede ser irreversible. Las cárceles y hospitales psiquiátricos están llenos de personas que han caído en este extremo del problema.

Sin embargo, cuando la persona llega a reconocer que tiene un problema de este tipo y se ocupa de buscar ayuda para ponerle remedio, puede resolverlo en gran medida.

Lo mas difícil, suele ser el primer paso;  reconocer que se tiene un problema con la impulsividad y las reacciones violentas. Muchísimas veces después de reaccionar violentamente, aventar algún objeto, empujar o golpear a alguien, etc. las personas “se protegen” de sentirse mal y reconocer que no estuvo bien su reacción diciendo algo como: “Ay, no hay que exagerar, solo fue un empujoncito”, “Tú tuviste la culpa por provocarme” o “En realidad, no pensaba darte cuando te lance mis llaves”, y cosas por el estilo. A veces sienten miedo de reconocer que tienen un problema o de pedir perdón a quien hayan lastimado porque creen que eso los hará ya crearse una imagen “pobre” ante esa persona al aceptar que cometió un error y temen perder poder en la relación. Ninguna de estas creencias suele ser verdadera, sino todo lo contrario.

Desgraciadamente, la gente generalmente no solemos prever que “ese empujoncito” o “esas llaves lanzadas” podrían ir aumentando en frecuencia e intensidad y terminar en una desgracia. Esperamos “tocar fondo”. Reaccionamos hasta que ya ha pasado algo verdaderamente grande y alguien ha perdido el control de manera desmedida.  Tal vez lastimando seriamente a su pareja y  viendo que ésta  ya no quiere seguir en la relación o quizá destruyendo algo, arrebatados por la ira y metiéndose en líos con la policía porque  la persona afectada la ha llamado. Tal vez, incluso pueda ser algo aún peor.

Afortunadamente, los signos de que estamos perdiendo nuestra capacidad de controlar nuestra ira pueden reconocerse mucho antes de que las cosas lleguen a estar así de graves. Puede ser que notemos que en la mayoría de nuestros conflictos, reaccionamos demasiado rápido, sin pensar bien las cosas y cuando tenemos la cabeza “fría” nos damos cuenta de que, al final, el resultado no era lo que queríamos. O, quizás observamos que cuando sufrimos alguna frustración, alguna parte de nuestro cuerpo: tal vez nuestro estomago, nuestro colon, algún músculo, nuestro corazón, responde rápida e intensamente, al grado de causarnos algún tipo de malestar o dolor físico. O, tal vez nos percatamos que la gente que nos conoce nos dice cosas como: “fosforito” por lo rápido que reaccionamos, o “Hulk”, porque cuando nos enojamos, realmente nos transformamos como este personaje de ciencia ficción  y sacamos lo peor de nosotros, como si fuéramos otra  persona, cegados por la ira.

Estos y algunos datos más pueden llevarnos a pensar que necesitamos hacer algo y manejar mejor nuestras emociones. Es el momento entonces de buscar ayuda, Hay muchas cosas que pueden hacerse. Pero necesitamos dar el primer paso: asumir nuestra responsabilidad por lo hemos estado haciendo.  No esperemos a que sea demasiado tarde.

 

 

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