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Cómo mejorar la comunicación en la familia

Boletin # 102
Con la mejor intención del mundo a veces echamos más a perder las cosas al tratar de arreglarlas. Un fenómeno común en las familias es que los papás, sobre todo las mamás, tratemos de intervenir en los conflictos y diferencias entre los hermanos o de un hijo con un padre, pensando que de este modo podremos hacer que las cosas mejoren. Queremos que aquellos que están en el conflicto se entiendan mejor. Sin embargo, generalmente al hacer esto lo que resulta es precisamente lo opuesto.
 Este tipo de dinámica, en la que un hijo va y le cuenta al padre o a la madre algún problema que tuvo con algún hermano o con el otro progenitor esperando que éste intervenga para solucionar los problemas, es algo que suele empezar desde la más tierna infancia. Hay una desavenencia entre dos hermanos, tal vez uno le arrebató un juguete al otro, o uno abusó de su mayor fuerza o edad y se burló del otro y, en lugar de que los padres, aprovechemos la oportunidad de enseñarle a los hijos como resolver sus problemas, nos metemos y nosotros “lo arreglamos”. Le quitamos el juguete al que lo arrebató y se lo damos al otro. Castigamos al que se burló, a lo mejor le explicamos que él es mayor o más fuerte y que no debe de aprovecharse, pero todo esto, aunque puede tener cierto valor educativo para el hijo en cuanto a qué se debe o no hacer, les roba la oportunidad a los hermanos de aprender cómo entenderse entre si. No se les ayuda  a escucharse el uno al otro, reconocer los propios errores, pedir perdón y continuar su relación. 
Aunque es cierto que cuando los hijos son pequeños, necesitamos intervenir mas para ayudarlos a resolver sus conflictos, necesitamos poco a poco ir limitando nuestra intervención al mínimo para que sean ellos los que hagan el esfuerzo por comprenderse.
Cuando los padres resuelven todo, el diálogo  se da exclusivamente entre el ofensor y el papá o la mamá tratando de educar y ayudar. Los hermanos permanecen aislados y la comunicación ya no fluye igual. Con este patrón de “solución de problemas” ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos?¿Que sentimientos y tipo de relación se está construyendo entre los hermanos? 
Muy probablemente una de las enseñanzas que les va quedando además de “si se debe o no hacer x o y cosa”, es que, para resolver los problemas entre ellos necesitan “triangular”, comunicarse a través de otros porque directamente no pueden. Este es una metaenseñanza de la que generalmente los papás no estamos conscientes. Pensamos que “solo los estamos disciplinando”. Sin embargo, de este modo, “haciéndoles el trabajo sucio”, los hijos se pierden de aprender muchas cosas:  cómo empatizar, ponerse en los zapatos de la otra persona y entender cómo se siente, darse cuenta del impacto que su conducta ha tenido en el otro, evaluar si eso era lo que quería,  corregir y pedir perdón si fuera necesario. Así, son capaces de continuar la relación e incluso, fortalecerla más. 
Más triste aún es ver que, de seguir este patrón de triangulación en el que alguno de los padres o ambos son el “centro de mediación”, los hermanos puedan llegar a la vida adulta con muy poca relación y de muy mala calidad. Tener a alguien en medio de una comunicación de este tipo, las más de las veces entorpece más que ayuda a que las partes en discordia se entiendan. “Dile a mi hermano que deje de hablar en la calle del negocio que aun estoy por hacer”, o “Dile a mi hermana que si vuelve a usar mi carro sin mi permiso, tendrá serios problemas conmigo”. Así una de las partes termina delatando al otro en vez de solucionar entre ellos sus problemas. Esto puede hacer crecer resentimientos y rencores entre los hermanos. Lo que crea aun mas distancia entre ellos. No estoy hablando aquí, de simplemente dejar que los hijos cuando son pequeños se medio maten en sus pleitos. Estoy hablando de que los padres nos vayamos quitando  de en medio poco a poco. Que asesoremos a los hijos respecto a cómo resolver el conflicto, pero que los soltemos para que ellos lo resuelvan. De este modo, les estaremos dando la oportunidad de aprender que las personas podemos tener diferencias, pero podemos resolverlas. 
Finalmente, el oficio de ser padres no es fácil y nadie nace teniendo todas las respuestas, pero nunca es tarde para reconocer si alguna estrategia educativa, aunque se haya realizado con todo nuestro amor, ha sido buena para nuestros hijos o no. No nos dejemos guiar solo por nuestras ideas o creencias. Miremos los resultados y recordemos que “el camino del infierno está sembrado de buenas intenciones”.

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